Los seres humanos tenemos una relación curiosa con las máquinas: las creamos para que nos ayuden, pero también para que nos desafíen. Llevamos décadas haciéndolo, desde los grandes sistemas industriales hasta los sistemas de inteligencia artificial y los robots que hoy
empiezan a moverse en entornos más complejos, más exigentes y con menos margen de error. Y cuando esas máquinas nos superan, no solo vemos una derrota: vemos una pista de hacia dónde va la tecnología. Ya ocurrió en el ajedrez y en el Go. Lo que estamos viendo ahora apunta a algo distinto: el desafío empieza a saltar a deportes donde no basta con calcular la siguiente jugada.
...