Antes de convertirse en una de esas empresas que asociamos casi automáticamente con la creatividad digital, Adobe tuvo una obsesión mucho más concreta y menos brillante a simple vista: la impresión. No hablamos de retocar fotografías, montar vídeos o abrir documentos PDF con la naturalidad con la que lo hacemos hoy, sino de atacar una dificultad básica en apariencia y enorme en la práctica. En los primeros años de la informática personal, lograr que lo que se veía o se diseñaba en un ordenador
saliera bien en papel no era algo garantizado. La historia de Adobe empieza precisamente en ese punto: con
PostScript, un lenguaje pensado para describir cómo debía verse una página impresa.
...